
¿A ustedes no les ha pasado que, de vez en cuando sienten que se quieren a provechar de ti? Seguramente ya te ha sucedido y hasta has perdido la cuenta.
Ahora, ¿Qué has hecho cuando te das cuenta de que puedes entrar en ese tipo de situación incómoda? La realidad es que pueden suceder muchas cosas como: dejar que todo fluya y permitir que personas se aprovechen de ti en uno o varios aspectos de tu vida; o tomar cartas en el asunto y tener esa conversación incómoda que puede llegar a tener un desenlace inesperado.
Pongámonos por un momento en la posición de alguien que está realizando varias gestiones para formalizar un proyecto. Puede que todo te salga de una, como puede que en otras ocasiones no te salga o, tengas que pasar por un proceso más largo (quizás hasta formal o tedioso), que en el pasado. Independientemente lo que surja en ese momento, lo realmente importante (y lo digo sin robarle por completo la importancia o relevancia del proyecto que se hace), no es que el trabajo que se está realizando salga según se tiene planificado. Lo realmente importante es el trato de una parte a otra en cada una de las etapas y del proceso de creación y producción de un proyecto de cualquier índole.
En la gran mayoría de las industrias laborales (y de mayor destaque en nuestra sociedad), existen más los “No”, que los “Sí”. Eso se da debido a una larga lista de factores que van desde el tipo de proyecto, presupuesto, gustos, panismos y hasta en muchos casos… la suerte. También el periodo de espera en muchas ocasiones es mayor al esperado y es normal que todo artista tenga sus días de calma y sus días de ansiedad.
En mi caso he aprendido a lidiar con varias situaciones en las que no obtengo el trabajo deseado, simplemente porque no era o que estaban buscando. Al principio todo se siente un poco frustrante sin embargo, con el tiempo uno aprende a que ese “No”, no afecte todo el progreso y la preparación que se está logrando. Por otro lado, también he aprendido a tener que hacer ajustes en mi vida diaria para poder cumplir con todos los compromisos (especialmente cuando se me dan esas oportunidades inesperadas casi imposibles de negar).
Pero dentro de todo ese ejercicio interminable de paciencia y hay un factor que sí aprendí a darle más importancia que cualquier otra cosa. Aprendí a ser súper atenta a las reacciones de las personas cuando les empiezas a poner límites, condiciones o incluso cuando te niegas a sus peticiones por “x”, o “y”, razón. ¿Por qué? Porque ahí es cuando verdaderamente tu conoces a la persona y sus verdaderas intenciones; independientemente del ámbito en que se relacionen.
Hay personas que no saben aceptar un “No”, y de hecho, hay miles de formas de expresarlo. Incluso pueden hasta sembrarte la duda de que la decisión que tomaste es o no, la correcta solamente porque difiere con su línea de pensamiento. E incluso pueden hasta no explicarte la razón de su descontento con el límite que les impusiste y pueden ser hasta cortantes en la conversación. Te pueden decir miles de cosas, sembrarte miedo, cuestionarte o incluso decirte cosas basadas en testimonios de otras personas. Y aunque en ocasiones siempre es necesario escuchar otras historias para hacer tu propio análisis crítico, la realidad del caso es que la decisión final es tuya y de nadie más.
Tú tienes el poder para controlar tu vida, tú tienes el poder para tomar tus propias decisiones y más aún cuando se trata de tus sueños. Nunca permitas que nada ni nadie te siembre dudas sobre cada paso que das en tu vida, solamente porque la otra parte quería algo de ti que no le quisiste dar. El mundo está lleno de personas, lugares y situaciones donde inevitablemente se experimentarán situaciones desagradables, o que te hagan sentir incómoda. Pero es en esos momentos dónde tu tienes el poder de darle larga al asunto, o cortar la conexión de una. Recuérdalo.