
¡Hola!
Hoy les comparto un poco sobre mi pasión por la lectura. La realidad es que yo siempre había sido una amante de la literatura desde pequeña a tal punto que tenía 2 libros infantiles escritos en inglés (uno con las clásicas historias de princesas y el otro recuerdo que era relacionado a Barney), y que ojeaba casi todas las noches antes de dormir.
A medida que pasaba el tiempo me encontré con que tenía problemas del habla y gracias a ello se me dificultaba leer o incluso interactuar con otras personas. Aún así, yo aprendía asociar las imágenes en los libros con lo que pasaba en los cuentos de modo que al final del día no me sintiera muy perdida.
Cuando tenía entre siete y ocho años, recuerdo que en el salón de clases había un pupitre aparte designado para los niños que se portaban mal en el salón. Dicho pupitre estaba cerca de un tablillero que contenía diferentes tipos de libros para el disfrute de todos. Y aunque las veces que estaba sentada en ese pupitre no necesariamente fue porque me portara mal en clase, recuerdo que siempre buscaba la manera de leer uno que otro libro en nuestros momentos libres.
Fue así como me encontré con un libro que relataba la historia de La Sirenita, pero de una forma diferente. De hecho recuerdo que me encantaban las fotos que tenía el libro ya que, aunque no eran gráficas, mostraban a los personajes de una forma mucho más realista. Yo recuerdo que la primera vez que leí el cuento no me gustó el final porque mi mente no comprendía cómo era que la historia de La Sirenita fuera a terminar de forma diferente a la versión que ya conocía de Disney. Aún así lo encontré curioso, pero no le di mucha cabeza al asunto.
Ya cuando pasaron los años mi interés de leer más libros creció a tal grado que con solo 10 años desarrollé el hábito de leer los periódicos de los domingos. Recuerdo que la razón que le di a mi madre fue que tenía curiosidad por conocer las cosas que pasaban en Puerto Rico más allá de lo que se comentaba en la familia, en la Iglesia y hasta en el salón de clases.
No fue hasta años después que entre mi despertar por seguir leyendo y ahora escribiendo historias caí en cuenta, que no solo había leído la historia original de la Sirenita cuando apenas tenía ocho años, sino que tenía un interés por compartir mi parecer sobre cada historia, cada poema y libro que había leído y que conservaba en una esquina de mi cuarto. Ese fue el momento en que supe que siempre había querido compartir las emociones y opiniones sobre las cosas que leía pero simplemente por miedo, no sabía con quién podía hacerlo abiertamente.
Es por ello que, a mis 28 años decidí hacerlo de la manera más atrevida posible. Reseñar un libro semanal mediante las redes sociales. Y no, no es a través de fotos o historias, sino en formato de vídeos. ¿Tienen idea de lo que significa? ¿Del gran paso de valentía que es el poder pararte frente a una cámara y hablar de las cosas que te gustan?
Una cosa es hablar en la cámara con un contenido ya preparado y dirigido a una audiencia en particular. Pero otra muy diferente es hablar de lo que te gusta leer y opinar sobre eso que estás leyendo a otras personas. Es emocionante y aterrador al mismo tiempo, pero les confieso que a medida que fueron pasando las semanas mi nivel de comodidad ante la cámara y el amor que tengo por compartir quién soy ante desconocidos y sin importar lo que piensen de mí, es más grande de lo que imaginaba.
Con esto te invito a que des ese paso que tanto te aterra hacia lo desconocido. Y sí, pueden ocurrir muchas cosas, pero cuando pasa el tiempo y uno se sienta a reflexionar sobre todo lo vivido y aprendido; muy rara vez uno se arrepiente de haber tomado esa decisión, de haber dado ese paso tan crucial que lo cambió todo. Así que ánimo, ¡Dáte la oportunidad y atrévete!