Hay algo que pocas veces se dice en voz alta… pero que muchas viven en silencio.
Detrás de cada candidata que vemos en tarima, en redes sociales o representando a su pueblo en
espacios públicos, hay una persona real. Una mujer con emociones, con inseguridades, con
sueños y con una mente que también siente el peso de todo lo que recibe.
Especialmente en plataformas como Miss Universe Puerto Rico, donde la exposición es constante
y el nivel de exigencia es alto, hay un proceso que va mucho más allá de lo que el público ve.
Porque no se trata solo de maquillaje, pasarela y fotos.
Se trata de disciplina diaria, de preparación mental, física y emocional, de cumplir compromisos
con el pueblo que representan y de sostener una imagen incluso en los días difíciles.
Y aun así, muchas tienen que cargar con algo que no debería ser parte del proceso: la crítica
destructiva.
Comentarios que no construyen. Opiniones cargadas de intención negativa. Señalamientos que no
vienen desde el análisis, sino desde el juicio.
Y lo más fuerte es que muchas veces no vienen de expertos, ni de personas que realmente
entienden el proceso. Vienen de desconocidos en redes sociales, de terceros, de personas
cercanas a otras candidatas o incluso de quienes se autodenominan “misiólogos”.
Personas que sienten que tienen el derecho de opinar sin filtro, sin empatía y sin responsabilidad.
Porque una cosa es analizar. Y otra muy distinta es destruir.
La crítica constructiva tiene un propósito: mejorar, aportar, elevar. La crítica destructiva solo busca
señalar, herir y proyectar frustraciones propias.
Cuando alguien se toma el tiempo de atacar o lanzar comentarios hirientes, eso habla mucho más
de esa persona que de la candidata.
Habla de inseguridades, de falta de empatía y de una necesidad de invalidar lo que otro está
construyendo.
Y eso es triste.
Porque mientras una mujer se está atreviendo a exponerse, a trabajar por un sueño, a crecer y a
representar algo más grande que ella misma, hay quienes deciden convertirse en ruido en lugar de
apoyo.
Y lo más preocupante es el impacto que esto puede tener en la salud mental.
Las candidatas se preparan para hablar, caminar y responder preguntas, pero nadie debería tener
que prepararse para recibir ataques constantes.
No podemos seguir viendo este comportamiento como parte del proceso.
Es momento de cuestionarlo, de poner límites y de elevar la conversación.
Si realmente apoyamos estas plataformas, también debemos cuidar el entorno en el que se
desarrollan.
Un entorno más humano, consciente y respetuoso.
Hoy más que nunca, necesitamos recordar que detrás de cada corona hay una mente que merece
ser protegida.
Y ahora te dejo con esto:
¿Estamos siendo parte del apoyo o del ruido?
¿Nuestras palabras construyen o destruyen?
¿Qué tipo de espacio estamos ayudando a crear para quienes vienen detrás?