Nunca pensé que una de las partes más importantes de mi camino como modelo terminaría siendo
mi voz.
Por mucho tiempo, como muchas, pensé que ser modelo se trataba únicamente de presencia,
imagen y seguridad frente a una cámara. Pero la vida —y los escenarios— me fueron enseñando
algo mucho más profundo: saber expresarte, comunicar con intención y conectar con las personas
puede cambiarlo todo.
Y fue precisamente eso lo que me llevó, casi sin planearlo, a convertirme en coach de oratoria.
Todo comenzó cuando tuve la oportunidad de trabajar con la candidata de San Sebastián para
Miss Universe Puerto Rico 2025. Lo interesante es que todo se dio de manera online. Ella misma
buscó ese apoyo, lo coordinamos, y desde el inicio supe que no se trataba solo de “practicar
respuestas”, sino de ayudarla a encontrar su voz.
Porque la oratoria no es memorizar. Es sentir, es proyectar, es sostener tu mensaje con seguridad.
Yo no venía de un título formal en coaching. Venía de mi experiencia. De lo que viví en el 2023, de
mis propios escenarios, de mis errores, de aprender a expresarme bajo presión, de enfrentar
preguntas incómodas y aún así mantenerme firme.
Durante nuestras sesiones, trabajamos más allá de lo básico: cómo estructurar respuestas con
claridad, proyectar seguridad incluso cuando hay nervios, conectar emocionalmente con quien
escucha y ser auténtica sin perder elegancia ni enfoque.
Pero sobre todo, trabajamos en algo que muchas veces no se ve: la confianza interna.
Porque puedes tener la mejor respuesta del mundo, pero si no la crees, se nota.
Ver su evolución fue uno de los momentos más gratificantes de este proceso. Y cuando finalmente
llegó a la competencia y logró posicionarse dentro del Top 15, sentí una mezcla de orgullo,
emoción y confirmación.
Confirmación de que todo lo que he vivido tiene un propósito más grande.
Pasé de ser “solo una modelo” a entender que también puedo guiar, aportar y elevar a otras
mujeres en su proceso.
A veces pensamos que necesitamos estar 100% listas para comenzar a ayudar a otros. Pero
muchas veces, lo que tú ya has vivido es exactamente lo que alguien más necesita.
No tienes que tenerlo todo resuelto para comenzar. Solo tienes que estar dispuesta a compartir
desde un lugar real.
Hoy miro esta experiencia y sé que no fue casualidad. Fue una puerta que se abrió para
mostrarme otra versión de mí.
Y ahora te pregunto:
¿Hay algo que ya has aprendido en tu vida que podrías enseñarle a alguien más?
¿Te estás dando el permiso de evolucionar más allá de la etiqueta que tienes hoy?
¿Y si tu próxima versión ya está lista… pero tú aún no te atreves a verla?